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Sarmiento y las empanadas

Extraído del libro “Sarmiento Anecdótico” de Augusto Belin Sarmiento, Ed Kapeluz, Buenos Aires, 1961

» He aquí la historia de las empanadas y sería bueno que alguna vez, al lado del sacrosanto amor a la empanada de nuestro terruño, tengamos indulgencia por las demás empanadas. Amemos, señores, la empanada nacional, sin perjuicio de saborear todas las empanadas… «

«Sarmiento Anecdótico»

«Al primer asomo de sol, después de algunos días lluviosos, se organizó un paseo en las cercanías, y todos se aprestaban a la alegre excursión, con excepción de Mister Gould [*], que deseaba fijar la situación de Tucumán, y de Mistress Gould, la que contestó a todas las instancias que la esposa del astrónomo Gould no podía decentemente pasear en ciudad que carecía de meridiano.

El almuerzo estaba servido bajo unos galpones, y al aparecer empanadas, Sarmiento nos dijo observáramos si entre los comensales estaban representadas todas las provincias argentinas, y, verificado que no faltaba ninguna, alzando en el aire una empanada, pronuncio gravemente este aforismo:

– La verdad es que ninguna empanada en el mundo vale la empanada sanjuanina.

Un jujeño interrumpió el silencio de estupor que causó tan insólita declaración, observando que tenía en mucho la opinión del señor Sarmiento, a quien consideraba un genio, aun en achaque de empanadas; pero era de presumir que sus conocimientos no hubiesen alcanzado hasta la empanada de Jujuy, la más sabrosa y la más babosa, la que no podía comerse sino con la camisa arremangada, para chuparse los dedos hasta el codo… Un correntino dijo que esas cosas no se discutían, siéndola de su heroica provincia la única empanada posible. Siguieron se mendocinos, puntanos, catamarqueños, santiagueños, salteños, etc., declarando detestables a todas las empanadas que no fuesen las de su pago. Don Pepe Posse desafió a quien quisiera revelar el guante que presentase ahí mismo algo mejor que la empanada tucumana que todos estaban saboreando, lo que parecía darle una fácil victoria. Un senador por Córdoba, con cara de filo de cuchillo y muy más fino, casuista, estableció como petición de principio que, aun cuando en su vida hubiese comido ninguna especie de empanada, tenía por averiguado en su fuero interno y en el santuario de su conciencia que la cordobesa era el non plus ultra de las empanadas.

La batahola de encontradas pasiones fue subiendo de punto, hasta que Sarmiento impuso silencio, diciendo, más o menos:

– Señores: para hacer valer cada uno la empanada de su predilección, hemos hecho caso omiso de la empanada nacional. Esta discusión es un trozo de historia argentina, pues mucha de la sangre que hemos derramado ha sido para defender cada uno su empanada. El ferrocarril que inauguramos servirá a la unión de la República como conductor de sus progresos y agente para la realización de sus instituciones, y servirá a la unión disipando la deplorable fascinación de la mezquindad de aldea que nos hace creer detestable la empanada del vecino. La desasociación de nuestros pueblos proviene de las distancias intermediarias, como las tonadas vienen de los largos viajes, la marcha de la cabalgadura haciendo acentuar la palabra al asentar el caballo la pata. La tonada es el localismo, como la empanada. El localismo es nuestra historia. En de trimiento del poder, de la dignidad y de la gloriadle todo, cada rincón empezó a pugnar por zafarse de toda sujeción, y a título de amor a la independencia los unos, a nombre de un patriotismo local los otros, ambiciones pigmeas trataron de achicar a su talla el campo de la acción y alejar hombres para que la sombra que deja tras sí el mérito real no los eclipsase y obscureciese. Merced a estos amaños, hemos visto durante medio siglo sucederse en la escena política notabilidades singulares, que al desaparecer han dejado Estados que hoy piden limosna para subsistir.

He aquí la historia de las empanadas y sería bueno que alguna vez, al lado del sacrosanto amor a la empanada de nuestro terruño, tengamos indulgencia por las demás empanadas. Amemos, señores, la empanada nacional, sin perjuicio de saborear todas las empanadas…

Y siguió en larga plática, dejando a sus oyentes el solo recurso de aplaudir y de cazar al vuelo, para echárselas al bolsillo, las observaciones profundas y los chispazos humorísticos.

Benjamín Apthorp Gould. Astrónomo norteamericano (1824- 1896) de larga actuación en Córdoba, donde llegó llamado por Sarmiento para instalar y dirigir el Observatorio astronómico. Alli preparó su famoso catálogo de las 7.200 estrellas visibles en el hemisferio sur.